Francesco: Queridos padres, queridos hijos... pero ¿tiene autoridad moral para hacerlo?

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En este período histórico, en el que los lazos familiares del mundo occidental  se desintegran, las familias se dividen, las relaciones humanas son cada vez más difíciles, el Papa Francisco nos da el testimonio sabio y paternal de sus enseñanzas y nos da palabras de fe y aliento no sólo para la familia en general, sino para cada componente (desde padres, a hijos, hasta abuelos), en particular.



Con esa manera suya para hablar con el corazón, profundamente involucra al oyente y alienta a los padres, parejas jóvenes, parejas de novios, llena de gratitud a las madres, y se muestra tierno y agradecido con los abuelos, puesto que los abuelos dan esperanza a los jóvenes, y son la alegría de los niños.

Pero esta colección de discursos, celebrada desde 2013 al 2015, el Papa Francisco no solo habla sobre el entorno familiar, sino también se centra en la consolidación de los afectos, en la maduración de los hijos o en la afirmación de una vida digna de ser vivida. 



También aborda temas relacionados con la pobreza, la explotación, los residuos, la comida y la marginación, con la energía y la determinación de un luchador. En esta batalla, incluso la familia cristiana está llamada al compromiso de un testimonio profético en la vida cotidiana y su compromiso misionero a las afueras de la vida de otros, lo que contribuye a "globalizar" la justicia y la solidaridad que unen generaciones, familias y pueblos, haciéndolos caminar por la senda de un desarrollo equitativo, ordenado y pacífico.

El Papa Francisco dice, “la verdadera alegría viene de una profunda armonía entre la gente, en la que todos sienten sus corazones y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, para apoyarse mutuamente en el camino de la vida. Pero detrás de este sentimiento de profunda alegría esta la presencia de Dios".


En mi opinión, este Papa está intentando acercar la iglesia a la sociedad y a las gentes humildes, aunque estos pasos son muy pequeños e insuficientes y sigue liderando una religión que no es consecuente con los tiempos en que vivimos ni con sus propios ideales filosóficos y religiosos.

Habla de las familias, cuando ninguno de los diregentes eclesiásticos tiene que gestionar una familia ni conoce los sentimientos de ser padre o esposo.
Habla de las mujeres, cuando claramente están discriminadas dentro de la organización en pleno siglo XXI.

Respetando a los creyentes, hay que pedir grandes cambios a esta organización que se ha quedado anclada en el pasado y que además tiene graves casos oscuros a los que no le han dado una respuesta satisfactoria.

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